El amor que no me asusta

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“Lejos de los amores feroces del origen,
y lejos del amor que, a modo de refugio,
la mente siempre inventa, el amor
que ahora me consuela es sin urgencias.
Cálido, respetuoso: amor de sol de invierno.
Amar es descubrir
una promesa de repetición que tranquiliza.
Estos poemas hablan de esperar,
porque el amor es siempre una cuestión
de las últimas páginas.
Ningún otro final podría estar
a la altura de tanta soledad.”

– J. Margarit –

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“Infrecuentes (pero también inmerecidas)
Instantáneas (pero es verdad que el tiempo no se mide
Hay instantes que estallan y son astros
Otros son un río detenido y unos árboles fijos
Otros son ese mismo río arrasando los mismos árboles)
Infrecuentes
Instantáneas noticias favorables
Dos o tres nubes de cristal de roca
Horas altas como la marea
Estrépito de plumas blancas en el cielo nocturno
Islas en llamas en mitad del Pacífico
Mundos de imágenes suspendidos de un hilo de araña
Y entre todos la muchacha que avanza partiendo en dos las altas aguas
Como el sol la muchacha que se abre paso como la llama que avanza
Como el viento partiendo en dos la cortina de nubes
Bello velero femenino
Bello relámpago partiendo en dos al tiempo
Tus hombros tienen la marca de los dientes del amor
La noche polar arde
Infrecuentes
Instantáneas noticias del mundo
(Cuando el mundo entreabre sus puertas y el ángel cabecea a la entrada del jardín)
Nunca merecidas
(Todo se nos da por añadidura
En una tierra condenada a repetirse sin tregua
Todos somos indignos
Hasta los muertos enrojecen
Hasta los ciegos deletrean la escritura del látigo
Racimos de mendigos cuelgan de las ciudades
Casas de ira torres de frente obtusa)
Infrecuentes
Instantáneas
No llegan siempre en forma de palabras
Brota una espiga de unos labios
Una forma veloz abre las alas
Imprevistas
Instantáneas
Como en la infancia cuando decíamos «ahí viene un barco cargado de…»
Y brotaba instantánea imprevista la palabra convocada
Pez
Álamo
Colibrí
Y así ahora de mi frente zarpa un barco cargado de iniciales
Ávidas de encarnar en imágenes
Instantáneas
Imprevistas cifras del mundo
La luz se abre en las diáfanas terrazas del mediodía
Se interna en el bosque como una sonámbula
Penetra en el cuerpo dormido del agua

Por un instante están los nombres habitados.”

– Octavio Paz –

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“¿Por qué es bello el arte? Porque es inútil. ¿Por qué es fea la vida? Porque es toda fines y propósitos e intenciones. Todos sus caminos son para ir de un punto a otro. Ojalá hubiera un camino hecho desde un lugar del que nadie parte hasta un lugar al que nadie va.”

– F. Pessoa –

No. 39

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《Cada poema es un zapato,

y cada segundo zapato es un poema.

 

Hay un poema que te lleva más lejos que un zapato.

Hay poemas de impacto y recreación,

uno que te hace doler el dedo gordo,

y, en principio,

uno no debería probarse un poema si no es suyo.

 

Hay haikus de verano,

largos poemas de invierno

y los de otoño estropeados por una sola lluvia.

 

Los más jóvenes lucen grandes poemas

que, de a poco,

terminan encogiéndose algo más,

y los adultos no amarran torniquetes a los poemas.

 

Los nuevos poemas crujen,

los antiguos se quedan en silencio.

 

Hay un poema para huir,

otro poema que te lleva a casa

y un poema que debes quitarte antes de entrar

para calzarte suave, rítmicamente, en superficie

otro poema totalmente diferente.

 

Para poner a prueba un poema no sirve quemar cuero,

tan solo pararte en una calle y declarar: “estoy perdido”.》

– Tatev Chakhian –
 

Las palabras y las cosas

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“Yo no lo recuerdo
pero mi madre me cargaba en brazos
cogía entre las suyas
mis dos pequeñas manos
que no eran manos todavía
que eran ruiseñores mudos y ni eso
que eran cabos sueltos
y me obligaba a tocar los objetos de la casa
uno a uno.
Me presentaba el mundo,
consciente supongo,
de que el mundo se conquista con las manos.
Naranja, cuchara, libro, nariz, hermana,
inaugurando los sonidos
me ofrecía sus texturas y sus formas,
para que yo ensamblara mentalmente
las palabras y las cosas,
para que yo tendiera esa cuerda necesaria
entre vivir y pensar,
para enseñarme en fin…
la piel de las palabras.
Mi madre, al final nunca lo supo,
logró lo que quería
yo terminé más o menos
llamando a las naranjas por su nombre.
Pero aunque el mundo hasta hoy
me siga pareciendo incomprensible
y aquella cuerda se deshaga con la lluvia
lo que de verdad le agradezco
en noches inflamadas como ésta
desde aquí
desde el oro azul de sus palabras
es este afán incorregible
por tocarlo
todo.”

– Miguel Martínez López –

Teatro del absurdo

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“En el segundo exacto en que aterrizó la bomba de Hiroshima

hubo alguien en algún lugar del mundo

que no podía abrir un bote de guisantes.

Mientras caen los cuerpos desde la planta 65 de las torres gemelas

en la planta 18 una mujer sale del baño y sonríe aliviada ante el espejo.

En el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

se eleva cada jueves una columna de humo negro

mientras en el roble más cercano es primavera

dos mariposas amarillas hacen el amor y son felices

El mismísimo día del fin del mundo

se seguirán rompiendo los calcetines por el dedo gordo.

Pero bajemos a tu vida:

¿Recuerdas el momento en que comprendiste

que habían dejado de quererte?

La noche interminable

bajo el cielo intoxicado de septiembre

y aquel sabor a wiski y aquella horrible telaraña,

pues al día siguiente aunque ya no lo recuerdes

el sol saltó del horizonte como un niño de la cama

te cepillaste los dientes como siempre

y luego pisaste un chicle de camino al metro.

Después de tu muerte o de la mía,

ojalá que sea dentro de muchos años,

ese mismo día por la noche

seguirá estando rica la tortilla de patata

alguien que nos quiso con locura volverá del tanatorio

se rascará la espalda y encenderá la tele a ver qué ponen.

Detrás de cada aquíyahora

siempre hay un allídespués agazapado

unos metros más allá de lo terrible

habrá alguien que silbe

dé una patada a alguna piedra

y siga caminando.

Empezamos a intuirlo

la gran tragedia humana

no es que echemos de menos un guión bien construido

ni un teatro mejor iluminado

ni siquiera que nos falte el Director de escena

la verdadera gran tragedia es sencillamente eso

que no hay tragedia.”

– Miguel Martínez López –